¿Qué haces para que tu cuerpo te acompañe? La respuesta no está solo en lo que haces, sino en cómo lo escuchas.
La pregunta que Cambia Todo
Vivimos en un mundo de pantallas, prisas y ruido mental constante. Hemos aprendido a tratar nuestro cuerpo como un objeto: lo criticamos, lo forzamos, lo ignoramos. Le enviamos mensajes de estrés, desprecio o indiferencia, y luego nos preguntamos por qué no «responde» como queremos. La queja «mi cuerpo no me acompaña» es, en realidad, el eco de una conversación que hemos abandonado hace tiempo.
«Un cuerpo que me responda»… ¿qué significa esto? Coincidirás conmigo en que todos queremos que nuestro cuerpo esté sano, fuerte. Sentir confort y bienestar físico. Y aquí viene mi primera pregunta: ¿qué hago para que mi cuerpo me acompañe en esta vida de esta manera que deseo?
Posiblemente aparezcan respuestas como «hago ejercicio, descanso, como tal o cual cosa». Y, por supuesto, por ahí vamos orientados. Pero estas son conductas que, entiendo yo, derivan de una atención y una observación que tengo hacia mí. Y esta observación tiene que ver con la mente: enfocarla en las sensaciones físicas. La temperatura, la postura, las ganas de orinar, el hambre verdadero o el ansioso, sentir la respiración, saber si necesito una pausa.
Si no me conozco, si no conozco este vehículo que tengo para transitar esta vida encarnada, ¿cómo voy a saber qué es lo que buenamente necesita? Este artículo es una guía para empezar a conocerlo de nuevo.
Ejercicio 1: El Reconocimiento Silencioso
Este ejercicio no busca cambiar nada, sino simplemente observar con amabilidad. Es el equivalente a sentarte con un viejo amigo y, en lugar de reprocharle, simplemente escuchas.
- Busca un lugar tranquilo y siéntate o túmbate cómodamente. Cierra los ojos si te sientes a gusto.
- Lleva tu atención a tu respiración. Solo observa su ritmo natural, el aire entrando y saliendo.
- Ahora, lleva tu atención lentamente a diferentes partes de tu cuerpo. Comienza por los dedos de los pies. Simplemente siente su existencia. ¿Hay calor, frío, tensión, neutralidad? No juzgues. Solo reconoce.
- Avanza lentamente: tobillos, pantorrillas, rodillas… hasta llegar a la coronilla. Cuando encuentres una zona de tensión, no intentes eliminarla. Respira hacia esa zona. Imagina que tu aliento puede llegar hasta allí, como una luz suave, para decirle «te noto, estás aquí, y está bien».
- Al finalizar, agradece internamente a tu cuerpo por su presencia constante.
¿Qué logras con esto? Entrenas tu atención para salir del parloteo mental y habitar la realidad física. Es el primer paso para que tu cuerpo deje de ser un extraño.
Ejercicio 2: La Pregunta Corporal
Este ejercicio te permite consultar la sabiduría de tu cuerpo para encontrar claridad y nuevas perspectivas.
- Evoca e Identifica: Piensa en una situación que te genere inquietud. Sin analizarla, simplemente evócala en tu mente. Cierra los ojos y pregúntate: «¿Dónde y cómo siento esta situación en mi cuerpo?». Espera. No fuerces una respuesta. Solo observa si surge una sensación (un nudo, opresión, calor, vacío, hormigueo), y nota en qué parte de tu cuerpo se manifiesta (pecho, estómago, garganta, etc.).
- Describe la Sensación: Una vez identificada, descríbela mentalmente con neutralidad. ¿Es pesada? ¿Áspera? ¿Fría? ¿Tensa? Simplemente reconócela.
- Formula la Pregunta de Resolución: Ahora, manteniendo la atención en esa sensación, hazle la pregunta clave: «Y esta sensación… ¿cómo cambiaría o se transformaría si esta situación estuviera resuelta de la mejor manera?» o «¿Cómo se sentiría esta zona si tuviera paz con respecto a esto?». Vuelve a esperar y observar. No intentes cambiar nada de forma activa. Permite que la sensación se modifique por sí misma (quizá se suavice, se caliente, se disuelva, se expanda).
- Observa el Cambio: El contraste entre la sensación inicial y la sensación de «resolución» es la respuesta de tu cuerpo. Te muestra la dirección hacia la paz o la solución. Confía en esta información somática.
¿Qué logras con esto? Ya no le preguntas a tu cuerpo por un «sí» o un «no». Le preguntas por el camino hacia la resolución, trabajando directamente con la huella física de la inquietud para transformarla. Es un diálogo verdadero.
Para integrar lo practicado, te invito a una pausa. Aquí tienes una MicroMeditación guiada para cerrar el proceso con mayor reconexión.

¿Qué mensaje está intentando dar tu cuerpo que aún no has escuchado?